¡Cómo me gustaba esconderme para que me buscaran!… para que “me encuentren” ... El “Viene papá”, era suficiente. Salía “disparada” por la casa… detrás de una puerta... debajo de la mesa... Si el tiempo era escaso corría y ... plaffffff… detrás de la cama, …. Por esa magia de la “brujería paterna” me encontraba rápido, antes del disfrute…
Entonces ideé aquello… ese plan perfecto que preparé con esmero… ¿a qué hora llega papá?... y… ¿dónde están las agujas del reloj a las siete y media? … Decime, ordené…
Quise apurar la merienda para esperar el momento… Cuánto tardó en llegar al siete la aguja chiquita!… y la grande, jugando conmigo pasaba por el seis pero… no se quedaba, seguía… Cuando ya menos lo esperaba, oí la puerta de calle… Hola, cansado, ¿y la Negrita?... tomó una miguita de pan, fue derechito a la pieza y….zaaaaaaas…. ¡Te encontré!.... Exactamente a sus espaldas, desde el baño, lancé una carcajada imposible de controlar… No soy yo, no soy yo… yo estoy acá… y no podía parar de reir… Con el asombro imposible de controlar y la cara risueña, caminó alrededor de la cama, llegó hasta el otro lado, levantó el almohadón vestido con mi pollera a cuadros… Brillante Negrita, se merece un tarro de dulce de leche….
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martes, 2 de noviembre de 2010
viernes, 15 de octubre de 2010
Género, mujer.
En sus vigilias de mujer primeriza, mi madre me soñó “Reina”… pero, antes de serlo, yo tendría que transitar el principado.Las ropas de “Su Princesa” serían elegidas con esmero… vestidito rosa con volados y pequeñas florcitas bordadas en gris…. Peinaba mis cabellos de maneras diferentes. A veces enroscaba pequeños mechones en su dedo para largarlos despacito… suavemente… formando un rulo ”gordo”. Varios de ellos, todos parejitos, poblaban mi cabeza… en algún momento tomaba el primero de cada lado, descubría mis orejas, que me decía eran perfectas, y los sujetaba con una cinta del mismo color del vestido… Para ir a la escuela me hacía “una colita de caballo” … ese momento no me gustaba… llegaba la hora de las tablas salteadas… 2x5…8x7…9x4… si me equivocaba, un tironcito en la “cola” que estaba peinando me indicaba el MAL… Por las tardes éramos dos nenas jugando a la rayuela o saltando a la soga en la vereda… esperábamos a papá… Pero las princesas crecen… empecé a sostener la mirada “levantando la nariz” y a discutir… Perdí mi principado y me convertí en mujer…
Es difícil enfrentar el género en libertad… discutir, “levantar la nariz” y ser mujer….
Imagen, Madre e hija. Virginia Palomeque. Argentina
HM
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Corchito
Hija única de familia humilde viviendo en barrio de inmigrantes europeos. Esos barrios donde la gente despierta mucho antes de salir el sol para ir a sus trabajos de salario escaso… donde las madres muy jóvenes juegan de igual a igual con sus hijas únicas… juegan a la rayuela, a saltar en la soga… juntan figuritas… mirá qué brillante!!... mirá el angelito!...
Corcho, se llamaba Corcho ese perrito blanco de oreja negra caidita… él jugaba también … y hasta diría que contaba cuántos saltos daba cada una… un salto, un ladrido, otro salto, otro ladrido… cuando alguna perdía, su cola se convertía en un abanico y corría formando un espiral en torno a ambas… era de tamaño mediano y oficiaba de “potrillo”… la niña lo montaba y él enfilaba derechito al almacén… después de recorrer unos doscientos metros, eran recibidos por las risas jocosas de los concurrentes… a ella le daban una golosina por su “gracia”, sin dudar, la compartía con “su caballito”… Corcho la salvaba siempre cuando en el plato del almuerzo o la cena aparecía algo que no le gustaba… comía tan rápido el hígado que nadie se daba cuenta… era el “perro ladrón” del barrio, saltaba el muro que la niña veía alto, ese que limitaba la casa, y regresaba siempre con diversos objetos, algunos arrancados de sogas con ropas tendidas… es cuando la niña golpeaba las puertas de las casas linderas buscando al dueño de la escoba, la palita o el pantalón todavía húmedo… Una mañana no vino a pesar de los insistentes llamados… cerca del mediodía fueron al almacén y ahí lo vieron… lo habían atado con un alambre… estaba acostado, como dormidito, tomando sol de costado… y, según le explicaron, si no fuera por los tres agujeros en la panza seguro se levantaba para llevarla al almacén...
HM
Corcho, se llamaba Corcho ese perrito blanco de oreja negra caidita… él jugaba también … y hasta diría que contaba cuántos saltos daba cada una… un salto, un ladrido, otro salto, otro ladrido… cuando alguna perdía, su cola se convertía en un abanico y corría formando un espiral en torno a ambas… era de tamaño mediano y oficiaba de “potrillo”… la niña lo montaba y él enfilaba derechito al almacén… después de recorrer unos doscientos metros, eran recibidos por las risas jocosas de los concurrentes… a ella le daban una golosina por su “gracia”, sin dudar, la compartía con “su caballito”… Corcho la salvaba siempre cuando en el plato del almuerzo o la cena aparecía algo que no le gustaba… comía tan rápido el hígado que nadie se daba cuenta… era el “perro ladrón” del barrio, saltaba el muro que la niña veía alto, ese que limitaba la casa, y regresaba siempre con diversos objetos, algunos arrancados de sogas con ropas tendidas… es cuando la niña golpeaba las puertas de las casas linderas buscando al dueño de la escoba, la palita o el pantalón todavía húmedo… Una mañana no vino a pesar de los insistentes llamados… cerca del mediodía fueron al almacén y ahí lo vieron… lo habían atado con un alambre… estaba acostado, como dormidito, tomando sol de costado… y, según le explicaron, si no fuera por los tres agujeros en la panza seguro se levantaba para llevarla al almacén...HM
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Hormigas…
Los tiempos son continuos aunque nos empeñamos en destacar momentos… los observamos, los pensamos… resolvemos… Resolvemos que de un día para otro todo se modifica... nuestra vida se modifica sólo por cambiar la hoja del almanaque… Eso pensaba cuando ví en mi camino, una gigantesca hormiga negra… Cargaba una hoja grande, muy grande, tendría varias veces su peso… Quedé fascinada mirando a esta “Sansón” en plena tarea. Como todo tiene que ver con todo, me acordé de otras hormigas, las de mi infancia… Esas con las que mi padre intentaba entretenerme cuando ya no sabían qué hacer conmigo... Después de la lectura de cuentos, de la partida de ajedrez, después de correr por el parque, de saltar a la soga con mi mamá o jugar a la rayuela… Entonces, venía él con su propuesta: Negrita, vamos a pastorear hormigas… Ahí nomás, tomaba una ramita finita, hacía una curva cerrada en la tierra, ponía un par de hormigas dentro -él siempre encontraba hormigas- me daba la ramita... y yo, sentada en el suelo, frente a las hormigas, con la ramita en la mano cuidando que no se escaparan, el límite era la curva y no debía lastimarlas. A medida que crecía, la cantidad de hormigas era mayor… ocho, nueve… hasta que un día, Negrita, ya sos “Doctora en Pastoreo de Hormigas” y me dio un “diploma” dibujado por él… A la hormiga que estoy observando ahora, se le cayó la hojita…¿sabés? Tuve ganas de ayudarla y acomodársela en el cuerpito… pero seguí caminando… observando a los adolescentes festejar “El Día de la Primavera” porque hoy cambió la hoja del almanaque…HM
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