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martes, 25 de octubre de 2016

Por los caminos del viento

Estoy flameando paralela al camino, tomada de tu mano… Y vos, corriendo. Pierna derecha al frente, la izquierda la supera al instante. 
Punta, planta, talón.
Punta, planta, talón.
Punta, planta, talón.
Fracción de segundo… 
Punta, pozo, vibro hasta la médula… 
Permanezco firme porque tus dedos aprisionan mi muñeca. 
Los árboles corren hacia atrás… Se suceden eucaliptus y plátanos… 
Un leve trino de pájaros me acaricia. 
El hornero me cubre de tostados… 
Los colores pasteles toman forma a lo lejos. De pronto una nube de polvo me envuelve, me corta la respiración…
Creo escuchar << Maldito muchacho, a esa velocidad nos hundirá en la huella>>
Mis ojos están pegados… 
No… Soldados. 
Soldados con estaño… 
Los oídos atentos. Atentos al trino de los pájaros que lentamente suben el volumen.
Apuestan al todo… 
y yo remontada
y el auto nos dejó atrás 
y los árboles vestidos de verde primavera 
y tu mano fuerte... 
Estiro el brazo libre, manoteo y golpeo algún objeto… 
Un ruido intenso me estremece cuando el sol me da de lleno en la cara

FINAL 1:
y tu carcajada.
y los pájaros trinan con toda su fuerza…
y la mano prisionera debajo de mi cabeza
y te miro
y me mirás
y me das un café que huele intenso
y bebo de un sorbo para dejar el pocillo, ahí, cerca del celular
y tomás mi mano, esa que “conducías” con destreza
y me erguís
y termino en tus brazos cerca de la ventana…
Mientras el despertador del celular, cansado de trinar, se une a nuestro silencio tan poblado. Cómplice.
Ensayamos un comienzo en esa ciudad desconocida.

FINAL 2:
y te siento flaquear
y tus dedos se aflojan
me tomo de tus pies que no resisten.
Una turbulencia me abraza. No siento nada. Una nube roja me cubre, me abrasa y, a lo lejos, vos mirándome.

Imagen:
El Paseo, 1917-1918; Marc Chagall, Rusia 7 de julio de 1887; 28 de marzo de 1985 Francia. 

lunes, 12 de septiembre de 2016

El baile

Consigna del Taller: Crear un texto a partir de la observación de una imagen dada por la profesora Sabrina Alvarez
Imagen:



El baile
Paloma mira su imagen en el espejo del antiguo escritorio. Sus ojos se pierden en el interior de la figura reflejada; recorren soles y pantanos…
A lo lejos su abuela… el cuerpo descansa compactado entre tules y rosas rojas custodiado por el hijo, su padre, que con ojos llorosos, pasa lista a los asistentes… Retumban en sus oídos las carcajadas de esa mujer menuda que yace pálida en el último lecho… Entre brumas, oye algunas palabras <<esta vida se soporta porque tengo “mi veneciana”>> y la ve con el antifaz, su capa vaporosa, girando… Girando al compás del Vals “Voces de Primavera”. Fascinada y sin control... Ve los rostros de la pareja brillando con luz propia en el salón…
Conversando en un rincón, bebiendo cognac, estaba el abuelo. Observaba a su mujer, radiante... En todo su esplendor…
Llenaba la copa al compás de cada giro…
Las imágenes se precipitaron a la madrugada… Ahí estaba nuevamente ella, capa al viento; cabellos castaños, con suaves movimientos, caían sobre los hombros. A paso lento… por el parque… con una rosa entre sus dedos… rosa que fue ofrecida a su compañero de danza… Rosa roja, tan roja como el hilo que recorrería su capa la mañana siguiente. Cuando el hijo la vio inclinada sobre éste, su antiguo escritorio. El cabello, que cubría una hoja escrita con el último aliento, tenía destellos dorados…
Él tomó el papel temblando; la pluma que estaba sobre el mismo rozó su traje y lo tiñó de rojo intenso… Ni un gesto… Sólo se permitió la lectura del texto escrito con letra caligráfica. Texto que, por otro lado, no tenía fecha…
Ahí estaba plasmado el secreto más profundo de la pequeña mujer… el nombre tantas veces ahogado en las noches solitarias, desveladas…
El nombre de quien le dio el único hijo y sentido a su vida… seguido de un presagio <<volveré en tu niña, ella lo logrará>>…
El grito desgarrador se confundió con las corridas de los presentes y el llanto de la recién nacida… Strauss lo ensordeció y su rostro se cubrió de entendimiento…
La niña se llamó Paloma. Sería un pichón salvaje, una persona dulce, libre y pura. Con el mandato que le dio su nombre, se hizo mujer...
Mujer que en
los cajones del escritorio guarda objetos entregados por su padre. En el segundo, del lado derecho, un libro, una carta, una pluma bañada en rojo… En el primero del lado izquierdo, envuelta en un pañuelo, la navaja del abuelo…
Paloma gira, abandona el espejo y, buscando respuestas a sus interrogantes en un mundo hostil para las mujeres que pretenden ser libres, encontrar su espacio junto al hombre, en el mismo plano, toma la mano de su compañero y comienza a volar.
Vuela a cara descubierta, argumentando a la par, sabiéndose con derechos inalienables.


https://www.youtube.com/watch?v=FR2DkJcj73Q

miércoles, 31 de agosto de 2016

Dispuesta a todo

Consigna del Taller: Seleccionar una imagen -entre varias presentadas- y escribir un relato que ella sugiera.
Imagen seleccionada

Luego de diez horas de tedio cruzando valles y pastizales, en un micro ruidoso y oloriento, me encontré sola en un cuarto de hotel de esta maravillosa ciudad; conseguí albergue en el tercero que ingresé. Quería una habitación con vista al mar… Ver el horizonte… Lo logré desde esa ventana del quinto piso. Logré ver romper las olas en los acantilados, escuchar los golpes de esas ondas gigantes. Imaginarlas en mi cuerpo como masaje tonificante. 
Me sentí vinculada conmigo misma.
Después de la primera conexión con el azul verdoso reanimador, tiré mi mochila sobre la silla, ordené el bolso y bajé por un café. Necesitaba visualizar quienes eran los pasajeros con quienes compartiría espacio... en ésta, mi pesadilla.
Ya sobre la cama, me dispuse relajar mi cuerpo anestesiado… No lo logré.
Me coloqué un vestido ligero, un par de sandalias y salí a caminar con el libro en una mano y la loneta en la otra.
Crucé la calle… Me esperaba la playa… solitaria, secreta.
Busqué un lugar apropiado, desplegué la loneta, dejé mis sandalias en un costado y me dispuse a contemplar… Comencé la lectura del libro por enésima vez desde que había salido de casa.
Al libro que había decodificado hasta el hartazgo en estos cinco años, lo silenciaban sonidos incomprensibles… Me abrumaba…
Escuché tu carcajada, esa que según mamá, “despertaba al vecindario” y giré rápidamente la cabeza… Todo estaba tan solitario como lo había elegido…
Era la angustia la que me desequilibraba…
Sentí tu aliento sobre mi espalda, me invadió un sacudón y empecé a temblar. Me paré sin pensarlo y con energía marqué mi paso. ¿Al son del tambor con el que tantas veces marchamos juntos?.
Crucé los acantilados…
Un silbido extraño me detuvo en el mismo momento que mi rostro se inundaba de sal.
Al fin pude pensarte, ver tu sonrisa, mirarme en tus ojos…
Estaba en el mismo lugar que, un quinquenio antes, me habías tomado fuertemente del brazo para detener mi carrera emprendida cuando dijiste <<Me voy, no aguanto más este lugar>> y una catarata de palabras salió de tu boca. Catarata que me humedeció el cuerpo… Cuerpo que esperaba la herida sin fin.
Sólo descifré
<<Barcelona>> .
Abriste el bolso, ese que habíamos comprado en la feria artesanal un rato antes. Sacaste un libro de poemas de Alfonsina Storni que me entregaste diciéndome <<”dispuesta a todo”, como mi adorable hermana>>
Un abrazo fortísimo nos unió y el beso de despedida quedó ahogado en la sal de nuestros rostros. La misma sal que ahora humedece mis labios solitarios. El mismo dolor en el pecho...
El mismo temblor que sentí hoy cuando tu compañera me habló del accidente, de otro vehículo, del pilar de la autopista… Y tomé el libro… Y corrí… Y fui a la terminal de ómnibus.
Y subí al primero que partía hacia nuestro último encuentro…
Micro ruidoso y oloriento…
Y caminé por la playa…

Y no pude adentrarme en el mar… porque yo, no estoy “Dispuesta a todo”.

jueves, 25 de agosto de 2016

Italia, Abruzzos, Pescara, Penne.

A mi amigo y su familia que padecieron el terremoto en la región central de Italia, este 24 de agosto.

No me sirve oir <<No hay víctimas argentinas>>. No. No me sirve.
¿Qué es ser víctima? ¿Yacer bajo metros cúbicos de escombros? ¿Ser golpeado por partes de mampostería?
¿Ser víctima es haber dejado de respirar por alguna enfermedad “legal” como cáncer o infarto?
¿Acaso no dejaste de respirar cientos de veces cuando no tenías dinero para comprarle la leche a tus hijos trabajando en la escuela doce horas diarias? ¿O cuándo resolvieron con tu mujer emigrar a Italia en aquella lejana primavera del 88?
¿Ella no dejó de respirar cuando no pudo volver a pisar el suelo de “Su Patria” porque dudaba de su fortaleza y temía no poder volver a embarcar?
¿Ella no respiraba agitada, casi al límite, cuando no tuvo oportunidad de ejercer teniendo su flamante título de Profesora de Historia, porque, como muchos, estaba excluida del sistema por las políticas implementadas?
¿No fueron víctimas los chicos cuando la mamá, montada en una bicicleta, realizaba las cobranzas del club del barrio para así, poder hacer esa masa que cocinada y cortada en pedazos era “El Alimento Diario”?
¿No fueron víctimas cada uno de los chicos con apenas siete, cinco y dos años?
Recuerdo la algarabía inconmensurable que tuvo el mayor de ellos cuando la mamá hizo esa compra extraordinaria, porque iba visita, y entornando la puerta de la cocina me mostró, con miles de estrellas en los ojos, la bolsita colgada del picaporte conteniendo pan.
No. No me sirve saber que <<No hay víctimas argentinas>> …. Que, por otro lado, no difieren de tantas otras…
No. No me sirve saber lo que dicen, porque, otra vez más, son/sos víctima.

Recuerdo de la primera de tus visitas.

martes, 16 de agosto de 2016

En el país bicolor


Consigna: Escribir una historia donde alguno de los personajes tenga que efectuar
 una traducción imaginaria
 y eso genere un conflicto.
Corría el año 1590. Crecía la preocupación entre las autoridades de la ciudad de Fontão, al noreste de Brasil... Día tras día los esclavos de la industria azucarera huían hacia la selva… Nadie volvía a verlos.
Se tejían miles de historias
sobre los paraderos; la más difundida hablaba de una planta que se estaba convirtiendo en plaga. Una planta carnívora que ahora adquiría enormes dimensiones.
En las tertulias de palacio numeraban las bajas en las plantaciones.
Al poco tiempo fueron apareciendo indicios que, anudados entre sí, dieron origen a una investigación formal. Las milicias se aprontaban.
Se habló de una ciudad libre que los recibía y alojaba; en comunidad, lograban satisfacer sus necesidades… La Ciudad ocupaba una extensa región y estaba constituida por aldeas alejadas entre sí... hasta comenzaba a florecer un incipiente comercio con colonos y tribus indígenas vecinas.
Esa ciudad era llamada “Campinho da libertad” y en ella vivían esclavos negros fugitivos, sus descendientes y también existían mestizajes con indígenas y minorías blancas.
Los esclavos
habían escapado de las plantaciones y minas controladas por portugueses.
Había que encontrar la Ciudad y destruirla. Mucho dinero habían invertido para que se burlaran de los señores que los alimentaban, que los vestían y hasta cuidaban de sus hijos. De la inversión inicial, calculada en mil negros, sólo treinta o cuarenta eran aptos para el trabajo.
Los más afectados
por la deserción se organizaron y descubrieron el lugar. Un espacio inaccesible para cualquier cristiano.
Se hizo carne en ellos la imagen de negros-diablos y lograron identificar al Jefe. Jo
ão, el mismo Satanás, era fugitivo del ingenio del Sr. Soares, el que le brindó la confianza por su fortaleza y solicitud. Si hasta su mujer tenía un puesto para servir en la casa y el niño estaba autorizado a jugar con la perra de la Sra. de Soares. Eso estaba registrado por uno de los artistas-pintores que lo frecuentaba... ¡si había dibujado al niño debajo de la mesa jugando con la mascota mientras su madre servía!
¡Y
João se permitió la traición mientras él y su familia hasta tenían una pieza en los fondos de La Casa!
Este desenfado pronto sería enmendado.
Durante la madrugada se dirigieron a los fondos, derribaron la tabla que oficiaba de puerta. Encontraron a la mujer arrinconada mirándolos con la cabeza alta, parada en el espanto. El niño, sobre una manta en el suelo, comenzó a llorar; lo tomaron de un brazo arrojándoselo a la madre.
Revisaron bultos y cajones. Encontraron un manojo de papeles atados con un cordón. No entendían qué significaban esas marcas o letras.
Chico Botto los miró... con gesto entendido y severo dijo:
- Yo puedo traducirlo. Están escritos en coreano. Me llevará un par de días.
En la Plaza Central de Fontão sonó el clarín convocando a la población. Leyeron las novedades.
A los diez días Chico Botto dio por terminado el trabajo. En esos escritos tan protegidos, se desarrollaba un plan de exterminio hacia los hacendados y un proyecto de apropiación de sus bienes. Todo estaba diagramado por João y sus secuaces.
Nuevamente sonó el clarín en La Plaza Central y se dio lectura a la traducción.
Se votó el castigo; mujer y niño fueron condenados a la horca.
Ya en su hacienda, junto con otros hombres influyentes, Chico Botto levantó su copa e inició el brindis. João de Soares sería su prisionero en menos de veinticuatro horas. Tenía reservado el lugar a la izquierda del niño.
Cuando todo hubo terminado y los hacendados se retiraron, llegó la mujer de Chico Botto; mirándolo con orgullo le dijo:
- No recordaba que supieses coreano.
Recibió como respuesta:
- Eso, no es imprescindible.


lunes, 1 de agosto de 2016

El buscador de finales.



Tarde de hastío otoñal. Cuando la luz del día comenzó a disminuir, Sebastián resolvió leer esa obra de Manuel Puig tantas veces postergada.
Se preparó un café y fue hacia el sillón más cómodo, ése que había iluminado adecuadamente por ser parte de su espacio favorito. Bajo un manto de estrellas lo esperaba.
Al promediar la tercera hoja, diferentes postales de Carhué se le dibujaban en la retina. Entornó los ojos y vio “el pantano” en “el pueblo fantasma”...
El cortometraje para el concurso iba tomando forma. Cerró el libro y pensó en el jurado integrado, entre otros, por Andrés Álvarez… Su pecho se aceleró al pensar en “el monstruo” del cine. La admiración hacia ese director lo hizo buscar la colaboración de Donato; sería su auxiliar.
- Podemos codirigir el corto, ya tengo el guión.
Se necesitaba dinero. Con la convicción de quienes tienen el toro por las astas, comenzaron a juntar fondos. Parientes y amigos adquirirían los números para el sorteo. Ofrecerían como primer premio una sesión de encuadres fotográficos. El segundo premio sería un taller de cuatro horas de maquillaje artístico.
Al mes lograron juntar lo imprescindible... Sentían ser dueños del “Primer Premio” del concurso. Sí, era de ellos.
Con los pasajes a Carhué en la mano y las mochilas en sus espaldas, partieron para la estación.
“El pueblo fantasma” los recibió con llovizna. Armaron la carpa y se abocaron a las primeras tomas.
Fueron tres días sin descanso. Filmaciones de puntos claves y entrevistas serían editadas en el laboratorio montado en la casa de Donato.
El encargado de la estación de trenes tenía “la sal” de ese relato, cuyo guión estaba basado en la obra del escritor autoexiliado en México. Cuando el dinero tocó fin, emprendieron el regreso.
Una semana, tal vez dos, les llevó la labor final; esa que resolvieron mostrar al amigo dilecto para pedir opinión.
Los tres gozaron del trabajo.
Se jugaban la gran carta que marcaría, al menos, el futuro inmediato.
El día anterior a que venciera el plazo llegaron al Instituto, que los había visto egresar, para entregar el tesoro que habían logrado con tanto esfuerzo. Se miraron y al unísono dijeron:
- A esperar, el premio es nuestro.
Sebastián agregó:
- Andrés Álvarez reparará en nosotros.
Llegó el día tan ansiado. La entrega de resultados era en el Salón de Actos del lugar que los había visto abandonar la adolescencia. Estaba colmado. La presentadora con un hilo de voz mantenía la atención del conjunto. Dio su nombre, los del jurado y nombró las obras presentadas. Iluminación acorde y empezó por la Tercera Mención Especial. Aplausos. La realizadora se puso de pie y marchó al escenario. Recibió un sobre con las condiciones para filmar un corto más otro que consistía en un cheque por un valor que cubría todos los gastos para la realización… Ovación.
Siguieron pasando los otros premiados y los amigos expectantes en sus butacas... Cada vez más cerca… Continuó la ceremonia. Momento final. Ellos eran los últimos, los ganadores. Se irían, sin dudas, con la alegría del sueño cumplido.
Abren el sobre… Escuchan otro nombre modulado con voz dulce, no era la obra en que tanto habían confiado… Al cierre del encuentro, la locutora, hizo una mención a la obra de ellos que Sebastián no llegó a entender. Donato lo abrazó:
- ¡¡¡Te felicito, flaco!!!, ¡¡Andrés Álvarez quiere verte!!
Así, sin entender, a tientas, caminó al despacho de “El monstruo del cine”.
Con ojos desorbitados vio que lo recibía la persona más admirada, quien le pidió al encargado que se retirara a la vez que descorchaba una botella, tomó dos copas, les puso líquido hasta la mitad, le ofreció una y, en un tono muy suave le dijo:
- Tu corto es valioso… Muy valioso…
Lentamente se acercó a él.
- Debés modificar el final para adecuarlo a la actualidad… La sexualidad así encarada es cosa del pasado… Ya nos señaló el camino nuestro querido Manuel Puig.
Álvarez puso una mano en la cabeza del antiguo alumno. Sus ojos se encontraron, las miradas se sostuvieron. y, casi en un susurro, El Maestro le confesó que había encontrado el final de su propia historia. 

lunes, 18 de agosto de 2014

El mejor momento

Para Micaela en su segundo aniversario 18-08-14
Estamos jugando. Yo sentada en el suelo mientras ella cocina.
Terminó, sirve y me entrega el plato repleto de fideos... Como supone que le falta sal y pimienta, le agrega en forma escandalosa. Me río mientras exagero, por lo salado, y me lleno de aire la lengua, por la pimienta...
Ingiero todo, no dejo nada... Estaba riquísimo.
Retira mi plato y se apronta a lavarlo cuando veo que se moja la manga de la remera. Cuidado!! le digo casi en un grito... Sus ojos se ríen y se arremanga.
Pone a secar los platos y me sirve un huevo frito. Vuelve a insistir con la sal y la pimienta. Le gustan mis gestos exagerados...
El huevo estaba sabroso y otra vez lava los platos... Limpieza a seco que le vuelve a mojar las mangas.
En este momento parece que terminó el almuerzo... Por un rato basta de fideos imaginarios y huevos de plástico...
Se sienta a mi lado, se aprieta contra mí, apoya la cabecita en mi brazo, la inclina lentamente sobre mis piernas... Quisiera que el instante fuese eterno... Pero surge otro juego... “Econdida abela” y ahí estoy detrás de las puertas o panza abajo en el pasillo del costado de la cama... Ése que está del lado opuesto a la entrada, para que tarde más en encontrarme...
Escucho, “uno, tes, dos, cuato”... Ya sé, ¡se me acabó el tiempo!   y ¡¡sólo llegué hasta el baño!!...
Gracias a la vida que me ha dado tanto.



martes, 10 de julio de 2012

Decreto con fuerza de ley


Visto:
Que llevo largas horas perdidas en las mesas de café y delante de mi teclado y
Considerando:
Que la preocupación fundamental de algunos seres vivos, expuesta en reiteradas oportunidades, es mi integridad emocional y mi cordura,
Que tal situación se ve amenazada por los constantes vuelos a que me veo sometida y metamorfosis diversas,
Que en consecuencia, los beneficios se ven limitados por la realidad,
Que se deben detallar cuidadosamente mis alcances para considerar las previsiones necesarias para el buen desarrollo de mi psiquis. Así, preservar y respetar su íntima estructura ya que, en razón de su especial naturaleza, es necesario estudiar los límites a que se ve expuesta,

Por la presente ajusto  la reglamentación:
Artículo 1: Me prohíbo las lecturas de poetas que sensibilicen mi ser durante las 24 horas del día.
Artículo 2: Me prohíbo lecturas de comunicadores sociales donde se consideren que los sujetos,
nacidos a la intemperie y expuestos a las inclemencias del tiempo,
que comen comidas usadas y sus niños andan descalzos,
que no tienen posibilidad de una educación reparadora,
que no acceden a los centros de salud por no cumplir las condiciones requeridas,
que no acceden a medicación y desconocen medicina preventiva,
Están en desigualdad de condiciones respecto a aquellos que gozan de los beneficios de cuna y herencia para gozar de temperaturas acordes a su condición social y ética.
Artículo 3: Me prohíbo las lecturas de poetas y comunicadores sociales.
Artículo 4: Me prohíbo las lecturas.
Artículo 5: Me prohíbo, enamorarme de las flores, de sus colores y aromas.
Artículo 6: Me prohíbo, enamorarme de los cantos de los pájaros, de las bellezas de sus plumajes y la magnitud de sus vuelos.
Artículo 7: Me prohíbo enamorarme, de pájaros, sirenas, mares, luna, montañas, llanuras y demás elementos de esta tierra.
Artículo 8: Me prohíbo, inspeccionar mis sentimientos, el color de mi sangre y a mis venas llamarlas ríos.
Artículo 9: Me prohíbo mirar el horizonte, el cielo y el arcoiris.
Artículo 10: Me prohíbo, pensar por mis propios medios, sacar conclusiones y desacatar las reglas impuestas por siglos.
Artículo 11: El presente Decreto-Ley será refrendado por los que consideran que vivo en un mundo irreal.
Artículo 12: Comuníquese, publíquese y archívese

Siento mi cara mojada. La mesa del café está cubierta de agua. El barquito de papel, construido en la servilleta del bar, comienza a navegar por un río torrentoso. Río salado que con su fuerza lo hace caer de la mesa... Busca su lecho entre los pies de distraídos clientes, se acerca a la puerta principal, huye...



Creo que seré una prófuga de la justicia.



10/07/12

Imagen: Barco de papel

martes, 17 de abril de 2012

Manuel



Lo recuerdo así, frente al espejo... El que estaba sobre la pileta donde ella lavaba ropa... Se humedecía los dedos, tocaba el jabón y, en movimientos suaves, envolventes e intermitentes, enroscaba la punta de sus bigotes...
Esta operación era realizada varias veces al día... Acercaba su cabeza al espejo, la alejaba, miraba su cuarto de perfil y, cuando consideraba que terminaba su tarea, una sonrisa iluminaba su rostro con todas las chispas de su Valença... Daba media vuelta caminando despacito, arrastrando su pierna, se sentaba en el borde de la cama...
Es que el abuelo Manuel tenía un problema de caderas, resultado de una caída al vacío desde unos cuatro metros de altura cuando su hijo menor era recién nacido. Eso me lo contaba en su mal hablado castellano...


Historias de amor también me contaba...
- Menina, tua avó... Tua avó, (suspiraba) flor de maio quando moça! (1)
Estas conversaciones se daban cuando teníamos “nuestros momentos”, después de terminar con sus bigotes... Él sentado en el borde de la cama y yo echada a sus pies...
Yo lo escuchaba y repetía, “ninha avó era flor de máio” (2)


La abuela pasaba sin mirarlo... Y él levantaba un poco la voz cuando lo decía.
Entonces, airada, la abuela respondía -su voz zumba en mis oídos:
- Caia Manoel, a niña é pequeña... (3))
También recuerdo el día que el abuelo se puso agua oxigenada en el cabello...
- Sabe que pasa neguita? tua avó, olha aos loiros... (4)
Fue cuando no entendí bien por qué, pero la abuela tiró el plato de sopa que acababa de servirle... Me dio miedo su reacción -ya que ella era todo risa- cuando a los gritos le contestó:
- ¡¡¡Fui al médico con tu hija!!!


Hoy, organizando mis fotos, encontré una de la familia... Fue tomada en uno de sus últimos  cumpleaños... Sentí una ternura infinita, y lo imaginé -si no se hubiesen aventurado a atravesar el Atlántico- cruzando el Río Miño a nado a los 84 años para ir a verla, como cuando eran adolescentes...
Porque el abuelo Manuel amaba a la abuela como en aquella época...


No lo había pensado antes... Tal vez cuando nos dejó, resolvió quedarse nadando en el Miño...


Yo encuentro un hilo conductor entre los hombres de mi vida: mi abuelo, mi padre, mi hijo...


10/01/2012


(1) Niña, tu abuela... Tu abuela, (suspiraba) era flor de mayo cuando era moza!
(2) “mi abuela era flor de mayo”
(3) Calla Manuel, la niña es pequeña...
(4) Sabés que pasa negrita? tu abuela, mira a los rubios...

viernes, 16 de marzo de 2012

En el patio

Noche de luna llena colgada del pino… Inmóvil
Sentada en el patio con mi jugo de pomelo, observando las infinitas estrellas, dejo pasar el tiempo…
Eso creo, pero no…
El tiempo me deja pasar a mí…
Adelante mujer, observá mis estrellas, jugá con ellas, construí figuras, navegá en mi azul infinito y regresá al más atrás…

Regreso despacito… Ahí están mis amigos, en la última mesa de la izquierda… Porque hasta en la mesa hay que ser claro, transparente… Nuestro reducto, La Paz…
Último pliegue del barquito de papel… Ese con el que me interné en los ríos del alma… Ese que eché en el mar de la mesa, sobre el azúcar derramado, y me sentí libre…
Libre de toda libertad…
Subí a él con el impulso infinito de los años verdes, de las certezas… De la confianza en el camino elegido…
Lo empecé a construir entre carcajadas, subiría por los ríos de América en mi papirola… No tenía bicicleta con motor pero tenía un barco gigante… Corté pequeños rectángulos de servilleta y escribí los nombres de quienes me acompañarían. En el dorso, escribí el motivo que me llevaba a elegirlos…
En un impulso frenético tomé uno de los nombres e hice un bollito…
Fue cuando el barquito tuvo su río… Caudaloso, río de montaña… Corrí al baño… Al cerrar la puerta me vi reflejada en el espejo y sentí el peso del mundo…
Tomé el bollito… Lo abrí… Besé con furia ese nombre y lo tiré al cesto en el preciso instante que entraba Silvia…
- ¿Qué te pasó Negra? Te estamos esperando…
Volví a la mesa, su mirada me quemaba…
- ¿Terminaste con los tripulantes de tu barco?...
Fue cuando volví a escribir el nombre y mentí al garabatear en el dorso, “Para que Silvia siga sonriendo”…

Nos robaron La Paz y con él nuestros juegos, nuestras discusiones, nuestras ilusiones, nuestros amigos…

Doce años después, en la histórica “Marcha Blanca”, encontré a Silvia… El abrazo interminable me indicó que, dentro nuestro, seguíamos siendo las mismas… Comenzamos a recorrer los años no compartidos…
Supe que lo de ella con Alberto duró menos que un café… Que en la noche oscura, él se exilió en México… Que se dedicó a la investigación y sigue trabajando en…
Fuimos a tomar un café… En la visita obligada al baño, no pude menos que mirar el espejo… Ahí, volví a ver la imagen congelada en el tiempo y sentí ternura por aquella mocosita…

Bebo un sorbo de pomelo… Miro el cielo… La luna abandonó el pino. ¿Viajará en un barquito de papel?

Imagen obtenida en la web

domingo, 11 de marzo de 2012

Trocito de vida

Lo conocía del barrio... A veces nos saludábamos...
Cuando comencé la escuela secundaria lo vi con más asiduidad... Hasta que la frecuencia se hizo diaria en esos viajes mañaneros que nos llevaban hacia nuestras escuelas.
Detecté que para poder recibir su sonrisa, debía estar en la parada del colectivo a las siete en punto. Ahí estaba, con mi delantal tableado y tiritando..…
Al comenzar segundo año conversábamos en los viajes. Le comenté de mis dificultades en francés y las posibilidades de un examen en diciembre. Te preparo, me dijo. Estaba cursando el quinto nivel en La Alianza Francesa…
Comencé a frecuentar su casa, mi materia lo exigía y la aprobé sin esfuerzos.
El año siguiente fue algo negativo... Cuando lo veía, transportaba pesados libros de Anatomía, de Fisiología… y yo con mi delantal tableado estudiaba la Anatomía de “dos Santos Lara”.
Poco conversábamos, demasiado poco…
Terminé el secundario y me inscribí en la Universidad Nacional de La Plata, me esperaban otros amigos... Su sonrisa siempre me perseguiría…
No pasó mucho tiempo cuando llamó a mi casa, había rendido la última materia y harían una fiesta... Quiero que vengas, sos mi invitada.
Estuvimos toda la noche de la mano… Cuando la tranquilidad lo dispuso, escuchamos un concierto para violonchelo de Vivaldi... Me acompañó a mi casa... Con nuestro único beso sellamos el próximo encuentro. Apenas solucione los problemas para la residencia vengo, me dijo.

Cuando volvió, trajo unos discos con conciertos de Vivaldi...
Yo estaba discutiendo en mi casa sobre el “Mayo Francés”, los pensamientos de Sartre y “Los condenados de la Tierra” con quienes serían mis compañeros de ruta...

Vivaldi fue siempre mi músico preferido... Si alguna vez la vida me cruzara con el dueño de “Gloria en Re mayor” o el “Concierto para mandolina”... Sé que, después de ascender al infinito y tocar el cielo de Antonio, podríamos decirnos chau y volver a vernos dentro de veinte años…

20-05-2010

sábado, 21 de enero de 2012

Los zorzales. Mi zorzal

Qué bonitos son los zorzales...
Hasta que él se fue, nunca había reparado como disfrutaban mi jardín... Los vi cuando comencé a salir nuevamente al mundo...
Son felices picoteando el césped buscando el alimento diario... Les gustan mis bonsáis... Es que los cuido con esmero… Les cambio el compost, les coloco vitaminas… Entonces proliferan las pequeñas lombricitas... Los zorzales las comen voraces... También los veo bañarse en el bebedero de mis perras, salpican todo el patio disfrutando de su higiene...
Ayer vino uno de pechito bien rojizo… ¡Por demás bonito!... Mirándolo me transporté en el tiempo, el mismo frenesí...
Negrita, ¿una partida?, el que pierde ceba mate... Comen, peón... saltan, caballo,... en diagonal, alfil, mueven los dedos de sus patitas finitas, jaque... descansan. Tuercen la cabecita y me miran, ojitos chispeantes, cebo mate...
Cabecita al agua, peón... alitas mojadas, peón...… sacudida, caballo... plumitas al viento, jaque... vuelan, rey,... Este es mate hijita... Tuercen la cabecita y me miran, sus ojos no tienen chispas...

Me quedo mirando por el ventanal que da al patio... Cebo mate eternamente...
Por unos minutos, la ausencia infinita fue sólo ausencia...
Cada amanecer, los zorzales, traen en su canto de libertad a Mi Zorzal.

Junio 2010

jueves, 1 de septiembre de 2011

Pieza 34

Confortable. El sillón era confortable… Llegaba cansada a pesar que el día recién despuntaba… Y cuando lo vi tan pulcro y señorial, sin pensar en nada, me zambullí en él… No quería pensar, no serviría de nada… Me sucedió ayer, 31 de agosto de 2011…
A los pocos minutos de estar sentada miré mis pies, no sabía en que momento me había sacado las botas… Esas que extrañaría dentro de poco cuando la primavera, que ya se estaba anunciando con el trino de los pájaros y los brotes en las plantas, fuera plena...
Decía que estaba mirando mis pies descalzos… Se estaban helando. Las uñas, estaban blancas como nieve… No atinaba a nada… Un palpitar general me invadía… Descubrí mis venas como ríos internos… Ríos sin agua, ríos secos… ¿Dónde estaba mi sangre? ¿Esa que se amotinaba cuando veía la indiferencia que muere de a poco al otro?…
Muñeca de trapo… Entregada… Con un inmenso babero, en esa sala atildada…
- La frente hacia mí
No, si no tengo frente… No tengo boca, no tengo… Cierro los ojos… Bien apretados… Soy pies-nieve, ríos secos, recostada en el sillón azul…
- Más grande la boca.
Unos golpecitos en mi mejilla me engañaron… Pensé en los miles que soportaron estoicamente mucho más… En los otros… Sin un sillón azul…
Mi cuerpo cedió, me desamparó… Mis sentimientos estaban guardados en una valija… Sentí un pinchazo agudo… Lentamente mi boca me dejó, se guardó en la maleta…
- Suba un poquito el mentón.
Apreté mis ojos, resolví no abrirlos… Ví a mi padre sonreír… Comencé a acomodar las cucharitas en un cajón… Los chicos alegres al ver cómo las ordenaba, de mayor a menor…
- Histeria, signo de histeria. Dijo alguno…
Las acomodé perfectamente, seguí con los tenedores que se entrechocaban… Ni en broma iba a abrir los ojos… Los cubiertos comenzaron a bailar música de “Les Luthiers”… ¡Cómo bailaban! Y yo helada…
- Flojito… Ya está… Siga con las indicaciones y venga en una semana a sacarse los puntos.
Despacito moví los párpados, entre las pestañas vi que todo seguía igual… Me puse los anteojos y al girar, me sorprendieron los pies calzados en el piso, listos para correr… Me enfundé en la campera... En un minuto estuve en la calle y en dos en la parada del colectivo alzando mi brazo derecho... Me senté...
Una profunda tristeza me embargaba… Cerré los ojos despacito y volví a ver a papá… Se reía jocoso… Escuché su voz llegar desde la infinita ausencia:
- Se te acabó lo del ratón Pérez… ¿eh?
Y emprendí el regreso sin mi pieza 34.

sábado, 27 de agosto de 2011

Ensoñación

Mis dedos cobran vida propia. Se deslizan lentamente acariciando las rústicas cortinas, las uñas rubí tocan la tela y juguetean con los hilos. En ese sutil movimiento te descubro. Muevo mi dedo mayor y acaricio tu espalda mientras el índice inventa tu nuca de cabellos prolijos y entrecanos. Abro el pulgar y sigo los pliegues de tus pequeñas orejas. Todo es perfecto en la imperfección de mi sueño… Reacciono… Junto mi pulgar con el índice y en un movimiento brusco corro la cortina. Sólo por un instante, fijo mi vista en un punto lejano…
Mirando al sur…
Una música melodiosa llena el espacio de mi silencioso cuarto…
Olvidado…
Cautiva…

“Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirena
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de Dios Padre”


Un pájaro vuela hasta mi ventana, intenta desmentir el momento mágico…
En su trino descifro: “No, no existe”.
Los primeros rayos de sol rozan mi mejilla izquierda, es tu beso que me arrulla.
Mis ojos se cubren de rocío y mi garganta queda presa en un nudo…
“No, no existe”, insiste el trino…

“Pero aquí abajo, abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve.”


Veo tu figura, estiro mi brazo… Llego… Te toco… Sos nieve, nieve blanca… Aprieto mi puño, siento tu textura… Ahora sos agua cristalina te deslizás en mi piel, penetrás en mis poros, limpiás mi alma…
Mi rostro con surcos de sal…
No puedo respirar, me ahoga el nudo…
Grito, no tengo voz, siento convulsionar mi cuerpo… Lentamente se va transformando, se cubre de plumas… Mis brazos son alas… Miro mi entorno y echo a volar.

“Con su fe veterana
el Sur también existe.”


Poema: El Sur también existe. Mario Benedetti
Imagen: Mujer mirando por la ventana, Carolina Torres Martinez