jueves, 25 de agosto de 2016

Italia, Abruzzos, Pescara, Penne.

A mi amigo y su familia que padecieron el terremoto en la región central de Italia, este 24 de agosto.

No me sirve oir <<No hay víctimas argentinas>>. No. No me sirve.
¿Qué es ser víctima? ¿Yacer bajo metros cúbicos de escombros? ¿Ser golpeado por partes de mampostería?
¿Ser víctima es haber dejado de respirar por alguna enfermedad “legal” como cáncer o infarto?
¿Acaso no dejaste de respirar cientos de veces cuando no tenías dinero para comprarle la leche a tus hijos trabajando en la escuela doce horas diarias? ¿O cuándo resolvieron con tu mujer emigrar a Italia en aquella lejana primavera del 88?
¿Ella no dejó de respirar cuando no pudo volver a pisar el suelo de “Su Patria” porque dudaba de su fortaleza y temía no poder volver a embarcar?
¿Ella no respiraba agitada, casi al límite, cuando no tuvo oportunidad de ejercer teniendo su flamante título de Profesora de Historia, porque, como muchos, estaba excluida del sistema por las políticas implementadas?
¿No fueron víctimas los chicos cuando la mamá, montada en una bicicleta, realizaba las cobranzas del club del barrio para así, poder hacer esa masa que cocinada y cortada en pedazos era “El Alimento Diario”?
¿No fueron víctimas cada uno de los chicos con apenas siete, cinco y dos años?
Recuerdo la algarabía inconmensurable que tuvo el mayor de ellos cuando la mamá hizo esa compra extraordinaria, porque iba visita, y entornando la puerta de la cocina me mostró, con miles de estrellas en los ojos, la bolsita colgada del picaporte conteniendo pan.
No. No me sirve saber que <<No hay víctimas argentinas>> …. Que, por otro lado, no difieren de tantas otras…
No. No me sirve saber lo que dicen, porque, otra vez más, son/sos víctima.

Recuerdo de la primera de tus visitas.