lunes, 10 de enero de 2011

Juego

Madrugada… Alrededor de las cuatro. Estábamos en la casa de Sergio, en el patio. Noche de luna brillante, redonda como un plato… La luna comenzaba a alejarse ¿para qué queremos plato si no tenemos comida?, carcajadas por la salida de Elsa, no necesitamos comida vinimos por la colección de Sergio… Los mates iban y venían, amargos, dulces en dos mates diferentes… Todo ocupado con almohadones, piernas y “Pinacotecas”, la mesa, el suelo… Sergio había comprado la colección con el aguinaldo… Un lujo...
Con el placer del encuentro y los libros nuevos pasaba la noche sin preocupaciones... El perro negro dueño de casa, Tupac, husmeando y tratando de compactar las miguitas de los sánguches. Sergio pensaba que iba a ser bravo y defensor de sus dominios, nos dijo, por eso su nombre… El pobre, a pesar de su tamaño, no era más “agresivo” que un caniche toy.
Estábamos con Goya, con las pinturas negras… ¿Cómo las habrán pasado de la pared al lienzo?... Obra del demonio… A Daniel se le ocurrió, ¿y si representamos las pinturas?... Ahí nomás surgió el sí delirante de la noche de amigos.
Empecemos por la mas fácil, “Hombres leyendo”, como siempre compañeros, dice Elsa riendo, a ver, cualquiera, cualquiera … Vos, hacé el que parece ciego, ponete los lentes… ¡Qué pronto lo logramos!… Y, esa pintura son ustedes hermanos… Risas, aplausos enardecidos, traé la cámara vale la foto…
“Viejos”… Quienes se proponen… Vos sos el de la cuchara, andá a buscar una. Vos Flaquito el otro… Sí ya estás cocinado, si sos el cadáver, tu cara da… La cuchara así no, mirá bien el ángulo… No, el dedo apunta para vos, ponelo bien, con una túnica quedás igualito. Flaco, encorvá la espalda, el plato ponelo… Otra vez la luna, risas, pero de sopa, dijo Silvia... La mirada, modifiquen la mirada… Más espantada, que modifique el rostro… Piensen, ¿Qué piensan los viejos? ¿Por qué esa cara?, pregúntense vamos… Preguntemos todos así lo captan, ¿Quién pregunta?… ¡Eso! un brochazo enérgico, de espanto… Logrado… La foto, el aplauso final. Mates…
Con “Átropos” tardamos en ponernos de acuerdo, ¿Que traen las parcas en sus manos? Un ángel, ¿Cómo van a traer un ángel? ¿Es un Faustito? La otra tiene una lupa, sí para buscar inocentes… Vienen de noche, es más propicia… Apaguen la luz del patio… No, no da, dice Silvia… Las risas cada vez más espaciadas, ya casi no existían… Entonces sigamos por “Duelo a garrotazos”… Podemos poner movimiento, actuarlo… Sin reglas, es interpretación libre y se sigue sin interrupción… Sergio y Esteban…
Elijo ese palo… Yo el martillo… Apagá la luz del pasillo, con la luna alcanza… El mate en el suelo, no daba para la cebada, había que estar atento… Nadie quería perderse nada… El palo golpeó al martillo en un ruido seco, Esteban corrió a recuperarlo cuando sintió un golpe en su hombro… ¿Qué hacés? ¿Estás loco?... Estamos en la “Quinta del Sordo” no se puede hablar… ¡Basta, me cansé! ¿Me das un pucho?, fue a fumarlo a la vereda. Nosotros continuamos… Había tensión suspendida en el ambiente… Esteban levantó el martillo… Se asomó Silvia y, tirando una bocanada de humo, opinó: Si hubiesen logrado vender las pinturas de la “Quinta del Sordo”… No digás pavadas, no estarían en “El Prado”… Daniel estuvo agresivo con la respuesta…
Ahora hacemos “Saturno devorando a un hijo”, Julián vos sos Saturno… Tupac ladró, Silvia se levantó inquieta, temblando… Con cara de viejo de Goya dijo alguien, llaman, nadie había oído nada, Daniel la tomó del brazo, ella se desprendió y fue hacia el pasillo, fue cuando escuchamos: ¡no, no puedo! Luego el golpe seco de su cuerpo al caer… Todos corrimos, Daniel hacia la calle, ¿entró alguien?, prendé las luces… Sergio al teléfono, primero al 107 después al 911, gritó Esteban…
Sonido ensordecedor de sirenas, médicos y policías confundidos… Silvia en el suelo…
Al regreso del sepelio todavía estaban los libros en el patio…
En el abrazo compartido no logramos asimilar el resultado de la autopsia: Infarto de Miocardio...