domingo, 13 de febrero de 2011

Viaje

Estaba detenida en uno de los andenes de la vida cuando levanté mi vista y ahí estabas. Tomé tu mano y subí al tren.
Nos acomodamos en lo que ví como el único lugar posible. El viento comenzó a enmarañar mis cabellos y me peinó con rosas. Solté la risa con las mariposas que se acercaban pretendiendo subir a “nuestro vagón”. Descubrí la música en las voces de quienes me rodeaban. Una fuerza olvidada me impulsó y estalló en mi interior. Volví a mirar a los ojos y a fascinarme con las respuestas de los niños. Respiré profundo el aire nuevo surgido con el vértigo.
En los jardines distantes se encendieron las flores y avancé al “más atrás” risueña y feliz en ese tiempo quebrado.
Habíamos conversado menos de lo necesario cuando llegaste a destino...

Después de mucho tiempo subí nuevamente al tren, elegí un asiento tapizado de gris al lado de la ventanilla con vidrio cerrado. Me detuve en un punto lejano…

En esta primavera se estrellan contra los vidrios gusanos alados.