sábado, 27 de agosto de 2011

Ensoñación

Mis dedos cobran vida propia. Se deslizan lentamente acariciando las rústicas cortinas, las uñas rubí tocan la tela y juguetean con los hilos. En ese sutil movimiento te descubro. Muevo mi dedo mayor y acaricio tu espalda mientras el índice inventa tu nuca de cabellos prolijos y entrecanos. Abro el pulgar y sigo los pliegues de tus pequeñas orejas. Todo es perfecto en la imperfección de mi sueño… Reacciono… Junto mi pulgar con el índice y en un movimiento brusco corro la cortina. Sólo por un instante, fijo mi vista en un punto lejano…
Mirando al sur…
Una música melodiosa llena el espacio de mi silencioso cuarto…
Olvidado…
Cautiva…

“Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirena
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de Dios Padre”


Un pájaro vuela hasta mi ventana, intenta desmentir el momento mágico…
En su trino descifro: “No, no existe”.
Los primeros rayos de sol rozan mi mejilla izquierda, es tu beso que me arrulla.
Mis ojos se cubren de rocío y mi garganta queda presa en un nudo…
“No, no existe”, insiste el trino…

“Pero aquí abajo, abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve.”


Veo tu figura, estiro mi brazo… Llego… Te toco… Sos nieve, nieve blanca… Aprieto mi puño, siento tu textura… Ahora sos agua cristalina te deslizás en mi piel, penetrás en mis poros, limpiás mi alma…
Mi rostro con surcos de sal…
No puedo respirar, me ahoga el nudo…
Grito, no tengo voz, siento convulsionar mi cuerpo… Lentamente se va transformando, se cubre de plumas… Mis brazos son alas… Miro mi entorno y echo a volar.

“Con su fe veterana
el Sur también existe.”


Poema: El Sur también existe. Mario Benedetti
Imagen: Mujer mirando por la ventana, Carolina Torres Martinez