El ascensor llegó al piso indicado, abrí la puerta y te vi. “Yo no buscaba nadie y te ví”…
Estabas sentado con tu guitarra, ojos inmensos de mirada profunda. Sonrisa apenas esbozada “saliste a saludar”. Mi luna rió de gozo. No necesité hablar, simplemente te miré, me perdí en tu figura que venía hacia mí… Tu andar alegre, tu voz de miel comenzó a entonar una canción. Ahí descubrí tus manos. Simplemente las vi, manos con estilo en cuerdas vibrantes. Vestías un pantalón gris, ¿o beige? Camisa clara con recortes y… ¿Sandalias? No, zapatillas… Sin embargo nadie te vio de zapatillas… La llave de mi imaginación giró dos veces…”El sol se reparte en caras de presidentes… en grandes besos de amor, en dientes, piernas, banderas” Mis ojos se llenaron de colores, alguien se acercó y comentó alguna cosa que no entendí. Dientes blancos, perfectos, tu voz envolvente tocaba mi médula aunque yo no llegaba a descifrar las palabras… No eran necesarias. Tu labio inferior era una abeja en el polen… Tus dedos veloces daban vida a los sonidos esperados. Me subí a los acordes, me elevé al infinito. “No soy ni quiero ser tu dueño”… Era mía tu voz, tu música… Me fui a algún lugar, tu luz incendió mi alma…
-Si vas a la biblioteca apurate que cierra, estás sobre la hora. ¿En qué pensás?
-Sí, claro... En Fito.
Seguí caminando, te dejé allí… Esperando verte después…
Saludé a Daniel con las mismas maneras de siempre, comentamos el libro que devolvía, elegí otro… Tomé valor y le pregunté:
-¿Quién puso esa imagen de Caetano Veloso a la salida del ascensor?
