miércoles, 14 de diciembre de 2011

Época de balance… Con perfume de otoño

Con alas desplegadas y el mundo en las plumas creí recibir mi pasaporte al futuro…

Comencé el vuelo altiva,
di con campanarios
dejé grabados, a la intemperie,
nombres e ilusiones.
Descubrí que mi pasaporte
era sólo un papel arrugado
cuando soplaron vientos helados
y muchos de los nombres fueron borrados.
Replegada
incursioné en nuevos desafíos…
En caminos sin huellas,
con la voz de La Negra
el Teatro Abierto de par en par,
y mi cuerpo vibrando,
con la certeza de los no abatidos,
inventé nuevamente la vida
en los reencuentros
con afectos suspendidos.
Los blancos pañuelos me Resistieron,
me caminaron en la Plaza
me regresaron con las primeras brisas de libertad.
En las calles nuevamente
reclamé por justicia y el Nunca Más.
Pregunté qué habían hecho con ellos,
los que quedaron en las campanas
y las flores deshojadas en el Atlántico Sur.
Opté por el medio vaso lleno,
“Ellas” me lo señalaron,
levanté sus banderas.
En la supuesta primavera enfrenté
puntos finales
protegiendo
a quien no debía obediencias
y nauseabundos pactos…
No comí pizza
ni bebí champagne
cuando me entregaron hasta el alma.
Sin vuelta atrás posible,
y el abismo adelante
enfrenté
la decadencia del país que se hundía.
Recibí a los sin nombre
los invisibles,
los que atrasaban hasta en el estómago.
Sin pudor,
me mostraron muertes absurdas
de muchos ignorados
mientras las hélices ascendían
al celeste pintado de rojo
con la sangre de mis hermanos.
Después del vértigo,
y otra vez de luto por vidas sesgadas
que desde Avellaneda
con ojos de niño
aún me miraban
a través de alguna cámara…
Porque la partida…
Porque la partida fue filmada…
Después del vértigo,
digo,
escuché nuevamente hablar de ideales…
Ahora,
en otoño con pleno sol,
sin pinturas ni adornos,
abandonados en el más atrás,
veo brotar mis azaleas,
estallar las rosas multicolores,
talladas sobre espinas,
tras las rejas que,
celosamente me protegen
de los avatares de la vida...
Con respiración profunda
y mirada altiva
con las nuevas flores
compartiendo caminos,
buscando las huellas
en las campanas perdidas,
con perfume de otoño
y sangre encendida
por las calles pobladas
continúo caminando mi vida.