viernes, 16 de marzo de 2012

En el patio

Noche de luna llena colgada del pino… Inmóvil
Sentada en el patio con mi jugo de pomelo, observando las infinitas estrellas, dejo pasar el tiempo…
Eso creo, pero no…
El tiempo me deja pasar a mí…
Adelante mujer, observá mis estrellas, jugá con ellas, construí figuras, navegá en mi azul infinito y regresá al más atrás…

Regreso despacito… Ahí están mis amigos, en la última mesa de la izquierda… Porque hasta en la mesa hay que ser claro, transparente… Nuestro reducto, La Paz…
Último pliegue del barquito de papel… Ese con el que me interné en los ríos del alma… Ese que eché en el mar de la mesa, sobre el azúcar derramado, y me sentí libre…
Libre de toda libertad…
Subí a él con el impulso infinito de los años verdes, de las certezas… De la confianza en el camino elegido…
Lo empecé a construir entre carcajadas, subiría por los ríos de América en mi papirola… No tenía bicicleta con motor pero tenía un barco gigante… Corté pequeños rectángulos de servilleta y escribí los nombres de quienes me acompañarían. En el dorso, escribí el motivo que me llevaba a elegirlos…
En un impulso frenético tomé uno de los nombres e hice un bollito…
Fue cuando el barquito tuvo su río… Caudaloso, río de montaña… Corrí al baño… Al cerrar la puerta me vi reflejada en el espejo y sentí el peso del mundo…
Tomé el bollito… Lo abrí… Besé con furia ese nombre y lo tiré al cesto en el preciso instante que entraba Silvia…
- ¿Qué te pasó Negra? Te estamos esperando…
Volví a la mesa, su mirada me quemaba…
- ¿Terminaste con los tripulantes de tu barco?...
Fue cuando volví a escribir el nombre y mentí al garabatear en el dorso, “Para que Silvia siga sonriendo”…

Nos robaron La Paz y con él nuestros juegos, nuestras discusiones, nuestras ilusiones, nuestros amigos…

Doce años después, en la histórica “Marcha Blanca”, encontré a Silvia… El abrazo interminable me indicó que, dentro nuestro, seguíamos siendo las mismas… Comenzamos a recorrer los años no compartidos…
Supe que lo de ella con Alberto duró menos que un café… Que en la noche oscura, él se exilió en México… Que se dedicó a la investigación y sigue trabajando en…
Fuimos a tomar un café… En la visita obligada al baño, no pude menos que mirar el espejo… Ahí, volví a ver la imagen congelada en el tiempo y sentí ternura por aquella mocosita…

Bebo un sorbo de pomelo… Miro el cielo… La luna abandonó el pino. ¿Viajará en un barquito de papel?

Imagen obtenida en la web