lunes, 24 de mayo de 2010

Educar como método

Es imposible pensar la vida como algo estático, su misma esencia es dinamismo. Son dinámicos los roles que desempeñamos. Son dinámicas nuestras posiciones. Es dinámico nuestro accionar.
En este constante dinamismo, sin embargo, existe un “hilo conductor”, es lo que da coherencia a nuestras vidas. Es lo que hace que me reconozca en la niña que fui, en la rebeldía adolescente, en la joven con su flamante diploma organizando una nueva familia, en la construcción de esa familia y, ahora, en el inicio del tránsito de lo que llaman la tercera edad.
En “nuestra vida” nos etiquetan con edades; jamás nos damos cuenta al pasar de una a otra, ¿Cuándo fue? ¿cómo? solemos preguntarnos en momentos claves.
Con el primer llanto de nuestro primer hijo comenzamos a transmitir los valores que celosamente nos inculcaron padres, abuelos y demás adultos significativos de nuestro entorno.
Ahí comenzamos a Educar concientemente.
La educación de las nuevas generaciones, ese transmitir “el camino andado”, se basa en el ejemplo.
Mediante la observación de los diferentes modelos, algunos se tornan significativos. Si somos un modelo significativo, “plantamos el árbol”.
Paralelamente, las personas asisten a diferentes instrucciones formales; la instrucción, le da el ramaje a ese árbol pero no la savia.
Trabajemos para Plantar Árboles, transmitamos nuestra savia.
Es la única manera que ese mundo dinámico no se transforme en ajeno y siga siendo Nuestro Mundo, ese que podremos transitar junto a los jóvenes y niños, con diferencia de fuerzas pero con el mismo empuje y dignidad.
Debemos informarnos eligiendo medios diversos, debemos cambiar opiniones sin censurarnos, debemos ser capaces de reconocer errores, debemos instruirnos permanentemente, debemos proyectarnos sin olvidarnos nunca “de las sombras” que dejamos, donde descansarán “los que vienen llegando”.
El ser una persona mayor nos puede transformar en alguien a quien consultar y con quien cambiar opiniones o, simplemente, en persona de la tercera o cuarta edad que engrosa estadísticas de envejecimiento poblacional.
Cada uno elige.