jueves, 23 de septiembre de 2010

Norman Cruz. Atardecer de Otoño.

Volvíamos de un asado esa tarde. Llovía. Un vagón de tren, un asiento del rincón, una cabeza en mi hombro, una comunicación muda casi perfecta (para mí), un callar capaz de aislar todos los ruidos del mundo, y los ojos vagando en la brumosa cortina de llovizna. Bello hasta el límite del llanto.
Norman Cruz