miércoles, 22 de septiembre de 2010

Hormigas…

Los tiempos son continuos aunque nos empeñamos en destacar momentos… los observamos, los pensamos… resolvemos… Resolvemos que de un día para otro todo se modifica... nuestra vida se modifica sólo por cambiar la hoja del almanaque… Eso pensaba cuando ví en mi camino, una gigantesca hormiga negra… Cargaba una hoja grande, muy grande, tendría varias veces su peso… Quedé fascinada mirando a esta “Sansón” en plena tarea. Como todo tiene que ver con todo, me acordé de otras hormigas, las de mi infancia… Esas con las que mi padre intentaba entretenerme cuando ya no sabían qué hacer conmigo... Después de la lectura de cuentos, de la partida de ajedrez, después de correr por el parque, de saltar a la soga con mi mamá o jugar a la rayuela… Entonces, venía él con su propuesta: Negrita, vamos a pastorear hormigas… Ahí nomás, tomaba una ramita finita, hacía una curva cerrada en la tierra, ponía un par de hormigas dentro -él siempre encontraba hormigas- me daba la ramita... y yo, sentada en el suelo, frente a las hormigas, con la ramita en la mano cuidando que no se escaparan, el límite era la curva y no debía lastimarlas. A medida que crecía, la cantidad de hormigas era mayor… ocho, nueve… hasta que un día, Negrita, ya sos “Doctora en Pastoreo de Hormigas” y me dio un “diploma” dibujado por él… A la hormiga que estoy observando ahora, se le cayó la hojita…¿sabés? Tuve ganas de ayudarla y acomodársela en el cuerpito… pero seguí caminando… observando a los adolescentes festejar “El Día de la Primavera” porque hoy cambió la hoja del almanaque…
HM