viernes, 17 de junio de 2011

Rosales y rosas blancas

Todo transcurrió en breves segundos, no más de diez…. Al menos eso creo…
Dejé el mate en la mesa del patio, esa blanca que está en el centro y tiene una sombrilla colorida... Me gusta el color blanco... Me gusta para todo, pintar paredes, ropa... Lo uso poco porque por mi espíritu plebeyo ando siempre tirada en la gramilla y eso de andar de blanco por el suelo...
Decía… Dejé el mate. En ese movimiento observé mi mano derecha -porque soy diestra- y la ví más pequeña. Soy de manos pequeñas pero estaba más pequeña todavía. Miré la izquierda... Mis ojos empezaron a bailotear… También se estaba minimizando… Como un juego de ping pong, mis ojos iban de una a otra… Era así... disminuían de tamaño… Miré las piernas, que son gorditas, estaban más delgadas y se estaban acortando…
Las proporciones... intactas…
Percibí el movimiento enloquecido de mis ojos saltando desde las piernas, de a una, a las manos, también de a una… En eso miré mis pies... Diminutos, casi como los de un bebé. Necesitaba un espejo pero no lo tenía. Me sentí pequeñísima, de tamaño insignificante cuando una brisa me dejó en el pimpollo del rosal, que es blanco… Seguro mi peso se correspondía a mi masa… Pude observar los pétalos inmensos, me introduje en ellos y sentí el abrigo de la primavera.
Mi cuerpo macroscópico envuelto en el perfume de la alfombra gigante iluminado por un blanco luna...

Me interesé por la luz y ví, en tamaño gigante, los ojos de la vaquita de San Antonio –los brasileños la llaman Esperanza. Ella me iluminaba de blanco cálido… En un suspiro me arrastró hasta otro pétalo, también iluminado, caí justo encima de un pulgón que me tomó entre sus antenas… Pude zafar y continué mi camino…
Porque yo caminé la parte interna del pimpollo de rosa blanco iluminado con el blanco cálido de la vaquita de San Antonio. Para recorrer el pétalo debí dar como mínimo cien pasos... Lo cuento para que tengan idea de mi tamaño... y seguía disminuyendo…
Un susurro imposible de identificar empezó a escucharse desde el exterior... En ese momento, un terrible viento, moviendo lagos y tirando bichos me empujó fuertemente contra el pétalo situado en el extremo opuesto... Que como era muy tierno, no lo pudo resistir y se partió...
Los sonidos se fueron aclarando, eran voces... voces de contenido indescifrable. Reconocí la tos de Diego… La voz de Salvi… Mis sobrinos...
Algo me decían...
Un sonido glutural salió de mi garganta:
- ¿Qué? Simmmmmmmmmmmmmmmm
- ¿Qué hacés en el suelo? Ese rosal tiene muchas espinas, te vas a pinchar, tené cuidado…
- Después jode con que se infecta…
- No…. No…. Estaba colocando un repelente de hormigas…
Les mentí y no di detalles... Porque ellos están tan ocupados que hay muchas cosas que les cuesta entender...


Imagen:
Mujer desnuda
Margarita Rosa Gómez Vélez