jueves, 2 de junio de 2011

Un día cualquiera

Salí caminando rumbo a ningún lado, respirando mi vida, buscando sentidos... Una figura desconocida pero íntimamente presentida dobló inesperadamente y asomó por la calle Baigorria por donde yo transitaba.
Con paso cansino se acercaba... Nos enfrentamos... Nos miramos... Al unísono gritamos nuestros nombres y nos fundimos en un abrazo intenso. En el mismo momento me acordé de otro abrazo. Ese, de aquel día... Ese que interrumpió Sergio cuando nos miró firme y siempre contundente

- Flacos, donde se come no se caga.
y nos miramos... y entendimos... y compartimos la lógica... En ese momento estábamos en otra.. sin apuros. El después nos esperaba, era nuestro, porque “Allende la cordillera regresa el sol y América es esta sangre por donde va la liberación”...
Habíamos compartido la tarde en “La Plaza”, me habías mirado, de una manera que se contorneó mi cuerpo, me sentí viva, me abrazaste y llegó Sergio…
Después, llenos de euforia resolvieron ir a Devoto...
- Si van me prendo, de ahí sigo para mi casa...
Otra Baigorria... inicio de mi vida... el mundo se me abría amplio... codo a codo con “mi gente”... madrugada, después de los festejos...
- Te acompaño, no vas a ir sola a esta hora.
Ahora, el saludo fue siguiendo la consigna impuesta “donde se come no se caga”. Un beso en la mejilla y “chau”.


En breves palabras nos contamos la vida, su exilio, el regreso, los hijos, los no nietos... La alegría inicial se fue transformando en nostalgia infinita... Nada más tuvimos para conversar... Sus ideas claras, las vi desteñidas... Sus ojos, otrora brillantes, opacos... El paso del tiempo aminoró su marcha, lo noté en el chau después de habernos cruzados los teléfonos... Sus pasos eran largos y firmes. Me volví para mirarlo, andaba lento, lo que había sido su espalda ancha y fuerte, sus brazos...

- No va más, me voy. Lo chuparon a Tato.

Me dio su libro de cabecera, “Las venas abiertas de América Latina” que pasó a ser mío... Una dedicatoria en la primera hoja leída más de mil veces... Lo habíamos comprado juntos en “Hernández”...

Veo tu cabeza gacha caminando en sentido contrario... pienso que la vida entera nos llevó a caminar en sentidos contrarios...
Por la forma que me miró el nene que arrastraba una pesada mochila, creo que grité:
- ¡La puta madre!... Hay personas con las cuales no tendríamos que volver a cruzarnos en nuestras vidas.

Tal vez vos te fuiste pensando lo mismo....
Hice un bollito con el papelito donde anotaste tu número de teléfono y lo tiré en el cesto de la esquina...