viernes, 13 de mayo de 2011

La niña…

Estás transitando tu ruta consciente y ordenadamente planificada. No excedés la velocidad, tus cabellos ordenados a tu estilo con color y corte estudiados están cubiertos por un pañuelo rojo.
Mirás tu entorno con la tranquilidad que te da la seguridad de estar en el lugar correcto en el momento adecuado, el cinturón de tu vehículo ajusta tu cuerpo… En la paz del otoño de hojas ocres sueltas al viento, divisás a la vera del camino flores de estación pintadas con suaves y dulces pinceles… Allí, a lo lejos, un gorrión que te invita a volar. Sentís el beso de la vida, ese que va directo a tus labios sin escalas previas... Que devolvés porque no es robado... Que saboreás porque lo sabés dulce... Notás que todo se llena de pájaros y colores… Desprendés el cinturón, te permitís despeinarte y transitar los parques pisando los bellos amarillos... Te autorizás volar y descifrar signos... Te sentís un pájaro que despliega las alas en la libertad del infinito...
En ese momento descubrís a una pequeña que corre, te mira y te sonríe... Tiene largos rizos sujetos con un moño blanco, ves la mano de tu madre arreglando las cintas, acomodando el primoroso vestido, mansamente te posás en una rama… Sos esa niña… Un rayito de luz entra por la ventana... Es el sol del amanecer de un nuevo día...

Imagen:
Mujer con pañuelo
Rafael Ramirez